En esta vida,  cada vez que se toma una decisión, queda siempre el vacío y la aparente pérdida de las otras opciones que no se eligieron. 

Cuando medito estas dualidades y angustias se desvanecen, y permito que estos estados de conciencia impacten mi obra artística.  La actividad meditativa me acerca a la inmovilidad, a mi eje y cada vez que entro en este espacio calmo, comprendo lo efímero y temporal de este mundo.

Como decían los antiguos maestros, “lo único verdadero es el cambio”, y en este mundo, en esta vida llena de cambios, mi obra fluye a través de ellos.  A través de mi conexión con la naturaleza, mis actividades sanadoras holísticas y la meditación, mi obra ha ido registrando todos estos procesos sin querer crear ninguna estructura ni ninguna técnica específica.  Cada vez que comienzo con la materia en bruto en mi proceso creativo es como una página en blanco, donde yo permito que la obra se vaya formando con libertad sin tratar, dentro de lo posible, de controlar, sino de simplemente guiar. 

La técnica para mi no tiene tanta importancia, y esta puede variar de acuerdo al estado, que mi humana condición, se muestra reflejado en mi  meditación.  Los apegos comienzan a debilitarse y ya no hay necesidad de identificarse o crear algún estilo, forma o color en particular. 

Puede haber pasión como también indiferencia, y es la calma inmutable quien nos va a reflejar la energía de la “pasión indiferenciada”.